sábado, 26 de agosto de 2017

DOGO ARGENTINO - Apresentação Oficial da Raça em 1947

" Muitas vezes o que as pessoas querem é alguém que as protejam daquilo que elas tem medo de saber "
                                                                                                      opaiva



REVISTA DIANA No 94 ( Octobre 1947 )


SEÑORES:

El Centro de Cazadores de Buenos Aires me ha hecho el honor inmerecido de brindarme su hospitalidad y esta su tribuna prestigiosa; la acepto complacido en la convicción de que la benevolencia en el juicio ha de suplir la escasez del merecimiento personal. Lógico corolario de la cordialidad que se me dispensa, la que interpreto como un índice de la elevada jerarquía espiritual de este ambiente.

            A la Honorable Comisión Directiva, así como a su digno Presidente, mi profundo reconocimiento por la distinción, con la gratitud que nobleza obliga.

            Señores: Ninguna especie de la creación ha sufrido tanto las consecuencias de las Leyes de la Evolución como la especie canina. Su fidelidad al hombre desde la prehistoria hasta nuestros días le ha hecho adquirir una admirable facultad de adaptación a los cambios ambientales y geográficos, creados por las necesidades que la lucha por la vida impuso a su amo, cuando no por las grandes conmociones geológicas o bien en virtud del propio capricho humano.

            ¿Quién no ha observado la enorme diferencia morfológica que existe entre un corpulento perro de raza Gran Danés y el diminuto Pekín? ¿Entre el esbelto y aristócrata Irish Wolf Hound y el acondroplástico Dachohund, entre el hermoso pelaje de un Setter o un Collie y la piel desnuda de un Pila?



            ¿No hay acaso más diferencia en la morfología de las razas que acabamos de comparar que entre las que existen y distinguen un león de un tigre, una llama de un guanaco, o entre un antropoide y un ser humano de raza primitiva?

            ¿A qué se debe que entre dos ejemplares de una misma especie y sólo en esta especie de la extensa escalera zoológica, pueda haber diferencias tan grandes que superan a las que separan especies distintas?

            Sólo hay, señores, una respuesta a este interrogante. Se debe a esa magnífica facultad de adaptación que tiene la especie canina, adquirida siguiendo a su amo, a lo largo de todas las edades de la historia por todos los senderos del planeta, y a la intemperie de todos los climas de la Tierra, para servir con igual abnegación a un amo de todas las razas, de todos los caracteres y de todas las culturas.



            Porque, señores, la historia enseña que allá en la noche de los siglos, allá en los umbrales de la prehistoria, donde apareció el primer sendero y la primera planta del pie humano, allí mismo, entonces como ahora, junto a esa huella estaba la de su noble y fiel amigo. El compañero de siempre...., en la alegría y en el dolor, en la miseria y en la opulencia, en la ilusión y en la desesperanza, en la cuna y en la tumba, en la vida y en la muerte... estaba el perro, el único ser tan noble, que es capaz de lamer la herida del amo antes que la suya propia y rendirle con gusto su vida, el único capaz de besar, tanto su mano cuando lo acaricia...como su látigo cuando lo fustiga.

            Yo veo, señores, en todo esto, algo más que una simple realización del instinto...; yo veo esbozarse en su psicogénesis el sentimiento superior. Yo veo en el primer gesto algo de caridad y mucho de abnegación; en el segundo, mucho de gratitud, y en el tercero... el gesto sublime del perdón.



            Esa magnífica adaptabilidad, decía, de la especie canina a los cambios ambientales o paratípicos, ya sea en el psiquismo o en la morfología, siguiendo los caminos biológicos de la evolución, o bien el opuesto de la involución, es lo que ha permitido el desarrollo del inmenso número de razas y variedades caninas que conocemos hoy, unas fijadas en selección natural, las otras por el hombre, ya fuera con fines prácticos o para adorno y compañía, cuando no por capricho y hasta se podría decir para alguna de ellas, por una evidente aberración del buen gusto humano. Pero todas por igual siempre con idéntica fidelidad, al servicio del amo y señor más tirano que conoce la creación El Hombre, al que sirven con igual sumisión tanto el de aristocrático pedigrée, como el humilde hijo de nadie.

            Aprovechando esta fácil adaptación de la especie y esa ductilidad a la selección humana, me propuse hace más de veinte años fijar una nueva raza de perros que reuniera las condiciones necesarias para ser el perro útil para la caza mayor en nuestro país. Porque en nuestros bosques impenetrables y vírgenes, las condiciones de la caza son muy diferentes a las que se realizan en los cotos de caza de Europa, lugar en donde fueron seleccionadas las razas que importamos para estos usos. Aquí cazamos en montes abiertos de inmensas extensiones, donde a veces hay que recorrer los senderos arrastrados cuerpo en tierra, y la tropa de jabalíes, sean autóctonos o importados, o bien el puma o el tapir, cuando han oído la vecindad de la jauría, si no fueran apresados en el momento del encuentro con ésta, inútil pretender atraparlos nuevamente donde hay miles de hectáreas de por medio. Todo intento del cazador y de los perros son en vano.



            Entonces, ¿qué cualidades debe tener el perro para esta clase de caza? En primer lugar debe ser un perro que bata el monte en silencio y que sólo se haga oír sobre la presa, porque cuando haga la de los Fox-Hound o lo de las otras razas de montería, que empiezan a aullar cuando encuentran el rastro, el cazador que lo sigue puede estar seguro que no cobrará ninguna pieza, porque el aullido de la jauría pone sobre aviso a los animales, los que huyen a muchas leguas de distancia.

            En segundo lugar debe ser un perro de buen olfato, pero que ventee arriba, como el Ponter, y no sobre el rastro, porque en la caza del puma, por ejemplo, éste, para engañar a los perros, hace círculos al huir y vuelve sobre su propio rastro; otras veces trepa a un árbol, el molle por lo común y salta a la distancia, o bien franquea de un salto un precipicio, dejando a los perros que lo siguen por su huella, remolineando confundidos; en cambio, cuando el perro sigue al animal venteando, no hay posibilidad de que lo engañe, y la treta conocida del pecarí, de separarse de la tropa, quedándose escondido entre las matas mientras la jauría perdigue a los que huyen, resulta inútil si el perro ventea al animal. Por esta razón es común oír a la gente del campo donde hay pumas que el mejor perro leonero es el Pointer o su mestizo, porque lo encuentra enseguida y lo empaca y el cazador puede darle el tiro de gracia.


Foto Histórica con mi amigo Lito Fernandez

            En tercer lugar, debe ser un perro ágil, más de lucha que de velocidad, porque al jabalí, al puma o al pecarí lo alcanza cualquier perro que no sea muy pesado.

            Y por último debe ser valiente por sobre todas las cosas. Al encontrar al puma o al chancho, debe hacer presa aunque éste le hiera y ser capaz de sujetarle solo, hasta que lleguen los otros perros o el cazador, y si estos no llegan, debe ser capaz de matarlo él solo, porque en nuestras cacerías, dada la extensión de este país, no es posible viajar cientos de kilómetros llevando jaurías de veinte o cincuenta perros. Esto ni es práctico ni es cómodo para nosotros.



            Esta cualidad del valor la considero fundamental, porque aquí donde los montes no son cultivados, no se puede seguir a caballo la jauría, porque apenas si se puede entrar a pie, no sacamos nada con que los perros empaquen los animales lejos de nosotros, si es imposible llegar a ultimarlos; lo práctico es que al encontrarlos lo “estiren”, como decimos los provincianos, es decir, que hagan presa de inmediato.

            En cuanto a la “talla” del perro, como los senderos de nuestros montes son muy bajos, resultan más prácticos los perros de talla media, pero como en la selección de las razas hay que elegir los ejemplares más fuertes, conviene para la cría elegir los de mayor talla y peso, porque criados en el campo, por exceso de trabajo y mala alimentación, siempre se reducen de tamaño; esta es la razón del dicho criollo “La talla entra por la boca”.



            La cualidad del valor es indispensable también para el perro de guardia, que es la otra finalidad del Dog Argentino. Hay la creencia generalizada de que el perro de guardia es el que ladra o es capaz de morder a un desconocido. Con este concepto los perros de todas las razas son buenos guardianes. Pero a mi juicio, el perro de guardia ha de ser algo más que todo eso: debe ser capaz de hacerse matar haciendo presa, en defensa de su amo o de su casa. De nada vale como guardián el perro que ataca a un intruso, si al primer garrotazo o la primera herida de puñal abandona su presa a los gritos; tal animal no presenta ninguna seguridad para su dueño ni merece, en mi concepto, el honroso nombre de perro de guardia.

            He trazado las líneas generales que me propuse obtener en el Dogo Argentino, y que ustedes conocen a través de la prestigios revista DIANA, de este Centro. Si lo he conseguido o no, ya pertenece al juicio de la afición al viril deporte de la caza, y a los canófilos, porque yo, como parte, estoy comprendido en las generales de la ley.



            En esta misma adaptabilidad de la especie canina a los medios ambientales a que me he referido, reside la mutabilidad de los caracteres de las distintas razas, por lo que es indispensable tener presente en la cría, junto con los caracteres somáticos de un standard fijo, la educación orientada hacia el objetivo propuesto, es decir, tener presente la fórmula clave del mejoramiento de las razas caninas, enunciadas por un distinguido consocio, y que se expresa en la siguiente fórmula: P. Por M. Más E., lo que significa: Padre por Madre más Educación; que en el lenguaje genético se traduce por: Herencia más Educación y Ambiente, o sea, Genotipo más Paratipo.

            Esta vigilancia, señores, es, es indispensables en todas las razas por una razón de biología general, porque en biología el dinamismo es la vida; la inercia es la muerte. Las especies y las razas que no mejoran, desmejoran; las que no evolucionan, involucionan, pero involucionar es retrogradar, es desandar el camino recorrido en el transcurso de las generaciones, es sinónimo de degenerar, porque es perder cualidades adquiridas para el fin propuesto.
            


         Y para terminar, os pido disculpas, señores, si puse un poco de pasión en mis palabras, pero a manera de explicación quiero recordarles que al propulsor de una idea se le puede tolerar que se embandere de ella, porque la pasión es el motor, es la fuerza propulsiva de las ideas, las ideas que nacen sin pasión nacen muertas. Por eso la historia de la humanidad es la historia de la pasión humana, la biografía de sus grandes figuras es también la apología de sus grandes pasiones.
            
He terminado



Dr. Antonio Nores Martinez



BRAVURA DEL AYAR 
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